Gestión de Délfor Candia Marc
 
 
ESCUELA DE EDUCACION SECUNDARIA MEDIA Nº 6
SAN MIGUEL - BUENOS AIRES - ARGENTINA
Argüero 1138 - San Miguel - Tel/Fax: 4664-8586
Email.: juanamanso@hotmail.com
E.E.M.S. Nº 6 - Juana Manso
SAN MIGUEL - BUENOS AIRES - ARGENTINA
Nuestra Historia
I) Proceso Histórico
a) Fecha y antecedentes de su fundación
b) Momentos relevantes de su historia
    Origen de su nombre:

    Crecimiento de la Institución.


II) Proceso Histórico

a) Gestión de Délfor Candia Marc
    Los primeros profesores
   Los preceptores:
     Los alumnos:
  b) Gestión de María del Carmen López
      Fresneda de Lloveras
  c) Gestión de Rodolfo González Soler
  d) Gestión de Amaya Artola de Ardanza

III) Cronología de Directivos
Los Directivos contemporaneos fueron:
1990 a 1992             Ana Böhmer de Saldaña
1990 a 1994             Marta López de Paolino
1990 y continúa        Walter A. Mazzariol
El 3 de Junio de 1953, el decreto Nº 9623 del Poder Ejecutivo Nacional disponía la creación del Colegio Nacional de San Miguel y la sección Comercial Anexa. La gestión que llevo a su creación fue realizada por la profesora Mercedes Guillermina Vieyra D´Elia, que ejercía en el Liceo Nº1 de Capital Federal y vivía en San Miguel. Las razones que motivaron su gestión fueron el crecimiento significativo de la población del lugar y el consiguiente aumento de los requerimientos de servicios de todo tipo, entre ellos, educativos. No existía, en ese momento, ningún establecimiento oficial en el partido de Gral. Sarmiento. Solo había 3 establecimientos privados: el Instituto Ángel D’Elia que fue refundado en 1942 como continuación del Instituto de Segunda Enseñanza de Gral. Sarmiento y funciono desde 1928 a 1923, fecha en que fue cerrado por las autoridades municipales; el colegio Jesús María y el Colegio Santa Ethnea. Estos dos últimos se encontraba en Bella Vista, pertenecían a congregaciones religiosas y eran exclusivamente de señoritas.
En ese momento, las alternativas para las familias del lugar eran: enviar a sus hijos a las instituciones privadas o, a los colegios públicos de la Ciudad de Bs. As. O de localidades cercanas (San Martín). La tramitación que culmino con la creación de un colegio secundario oficial, se realizo ante el Ministerio de Educación de la Nación, a cargo de Méndez San Martín. Ocupaba la presidencia de la Nación El General Juan Domingo Perón.


El 6 de junio de 1953 se realizó la ceremonia inaugural. El colegio comenzó a funcionar el 8 de junio con 3 divisiones: 2 correspondían a la sección nacional -una a primer año y otra a segundo- y la restante a la sección comercial. El horario era vespertino: de 16 hs. A 20 hs. La organización del establecimiento estuvo a cargo de la señora inspectora Josefina Quiroga y de la profesora Mercedes Guillermina Vieyra De D´Elia que asumió la dirección del mismo. No tenía sede propia y funcionaba en los talleres de la Escuela Fabrica de San Miguel (Hoy Escuela Técnica “Japón”) que estaban ubicados en la esquina de las calles Mitre y Fraga. Relata al respecto el profesor Delfor Candia Marc, a cargo de la cátedra de Geografía en ese momento, que las condiciones de infraestructura eran muy precarias. Recuerda que sus alumnos se sentaban sobre tablones y su escritorio era un banco de carpintero.

Al año siguiente, el Colegio se trasladó a una antigua casona, con frente a la calle Agüero (hoy Argüero) y salidas a las calles León Gallardo (hoy Av. Presidente Perón) y Paunero, que pertenecía a la familia Salinas y estaba ocupada por inquilinos. La planta original de dicha casa tenía cinco habitaciones y una importante recepción (sala, comedor, escritorio). Contaba además con dependencias de servicio. En el fondo, había una quinta con abundantes árboles, de los cuales, algunos eran frutales, como pomeleros y también naranjos y limoneros. Estaba separado de la casa por un alambrado que iba desde León Gallardo hasta Paunero, y estaba ubicado a la altura donde hoy se encuentra el mástil. Las primeras promociones de peritos mercantiles recuerdan que el portero de la escuela. Jorge Alba, vendía sandwiches a través del alambrado y los alumnos salían a la carrera, no tocaba bien el timbre, porque no alcanzaban para todos. Junto al alambrado había una pérgola con glicinas. En este lugar, alguna vez, los alumnos del colegio jugaron una que otra batalla arrojándose los frutos. El patio chico era el único que existía entonces y tenia una gran magnolia en el centro. En el frente de la casa se encontraba el palenque que hasta hoy se conserva. Una profesora de Lengua, la Sra. De Cocito, concurría al colegio en carro porque vivía en una chacra de José C. Paz. Dejaba a sus tres hijos esperándola dentro del carro, ataba el caballo al palenque y daba sus clases.

La finca estaba habitada por una familia que ocupaba la parte principal y, a su vez había subalquilado a otras tres familias las dependencias de servicio. Ellas ocupaban: la esquina de Agüero y Paunero (donde había dos grandes habitaciones); el actual laboratorio de planta baja (que era un jardín de invierno) con las habitaciones que estaban construidas sobre él, y, por ultimo la construcción que estaba frente al molino. Esta ultima se componía de una cochera abajo y casa de caseros en el primer piso demolida al construirse el actual gimnasio. El casero del colegio, Jorge Alba, se estableció en la construcción del primer piso, sobre el actual laboratorio, cuando fueron desalojados los inquilinos que la habitaban.
El colegio ocupó primitivamente la parte principal que fue desocupada por uno de los inquilinos. Los restantes quedaron compartiendo la propiedad. Esto dio lugar a situaciones realmente pintorescas. Por ejemplo, las novelas que transmitían las radios eran escuchadas por los otros habitantes de la casa y se mezclaban con las voces de los profesores.


Generalmente, se trataba de los populares culebrones de ambiente campero de la época. Según los testimonios de los alumnos de esos años, algunas de las novelas despertaban su interés, como por ejemplo “El galleguito de la cara sucia”,
“Pido luz para mis ojos” y, entonces, solicitaban a la familia que vivía cercana al molino que pusiera la radio a todo volumen para poder escucharlas. También ocurría que las gallinas, que andaban sueltas por el terreno, ingresaban en algunas ocasiones a las aulas. Cosa parecida pasaba con los perros incluso con los cerdos. A medida que finalizaron los juicios de desalojo contra los inquilinos, el colegio fue ocupando la totalidad de la casona.

A fines de 1954, el colegio fue intervenido porque la directora, Prof. Mercedes Guillermina Vieyra de D´Elía, habilitó varios cursos, entre ellos quinto año, sin autorización. Luego, la dirección fue confiada al profesor Eduardo Ruben Robles, y la vicedirección al profesor Delfor Candia Marc.

El 16 de mayo de 1956 se creó el turno nocturno para la sección comercial. Se hizo cargo de la vicedirección del turno el profesor Manuel Hernando, que llegó a la zona desde la Capital Federal como profesor de Matemática porque era amigo de Ruben Robles, el director del Establecimiento. En 1956 el turno nocturno tenia solo dos divisiones (1º y 2º años). La carrera duraba seis años. Y fue creciendo por promoción, año tras año. El nivel de los profesores era muy bueno. Había muchos profesionales: contadores, bioquímicos, abogados, que ejercían la docencia en ese turno porque durante el día se dedicaban a su profesión. Concurría gente adulta que estudiaba con gran sacrificio y reinaban la disciplina y el orden. Cuando a la tarde había algún alumno con problemas de conducta, Candia Marc lo cambiaba al turno nocturno y allí no tenía oportunidad para comportarse incorrectamente porque el grupo no se lo permitía. Al comienzo, el turno nocturno no era conocido y la Cooperadora hacía propaganda para difundirlo. Se pegaban carteles murales y afiches en las cercanías de la estación de San Miguel. Los alumnos eran en su mayoría del partido pero también los había de Moreno, Pilar, Luján.

En diciembre de 1956, la sección comercial se separo del Colegio Nacional, y se creó la Escuela Nacional de Comercio de San Miguel. Su director fue el profesor Délfor Candia Marc y continuó en el mismo edificio, funcionando en los turnos de la tarde y noche. Contaba ya con ocho divisiones en la tarde.
Fecha y antecedentes de su fundacion
El 3 de Junio de 1953, el decreto Nº 9623 del Poder Ejecutivo Nacional disponía la creación del Colegio Nacional de San Miguel y la sección Comercial Anexa. La gestión que llevo a su creación fue realizada por la profesora Mercedes Guillermina Vieyra D´Elia, que ejercía en el Liceo Nº1 de Capital Federal y vivía en San Miguel. Las razones que motivaron su gestión fueron el crecimiento significativo de la población del lugar y el consiguiente aumento de los requerimientos de servicios de todo tipo, entre ellos, educativos. No existía, en ese momento, ningún establecimiento oficial en el partido de Gral. Sarmiento. Solo había 3 establecimientos privados: el Instituto Ángel D’Elia que fue refundado en 1942 como continuación del Instituto de Segunda Enseñanza de Gral. Sarmiento y funciono desde 1928 a 1923, fecha en que fue cerrado por las autoridades municipales; el colegio Jesús María y el Colegio Santa Ethnea. Estos dos últimos se encontraba en Bella Vista, pertenecían a congregaciones religiosas y eran exclusivamente de señoritas.
  Momentos relevantes de su historia
En 1961, al cumplirse el sesquicentenario del nacimiento de Domingo Faustino Sarmiento, se impuso al Colegio Nacional su nombre y a la Escuela de Comercio el de su colaboradora, la maestra Juana Manso. Para elegir el nombre que llevaría la Escuela, el Director llamó a concurso. Las propuestas debían cumplir con un requisito: el nombre tenía que guardar alguna relación con la figura de Domingo Faustino Sarmiento. Se propusieron muchos: Paula Albarracín, Recuerdos de Provincia entre otros. El Tribunal encargado de seleccionar la propuesta ganadora se inclinó por la que había presentado Victoria Ross, esposa del Director Profesor Délfor Candia Marc, escribiría la biografía de Juana Manso, resaltando los rasgos de su personalidad que fueron, precisamente, los que llevaron a la decisión de imponer su nombre al Establecimiento. Una luchadora incansable por la educación popular y, sobre todo, por la educación de la mujer. En el vestíbulo de la entrada principal del Colegio, se encuentran emplazados los bustos de Domingo Faustino Sarmiento y Juana Paula Manso, que fueron realizados por el escultor Antonio Sassone.
Posteriormente, también se realizó un concurso con el objeto de dotar a la Institución de un himno y una marcha identificatorias. Resultaron seleccionados el himno escrito por Osvaldo Piehl, Profesor de música de la Escuela, y la marcha escrita por el compositor Leopoldo Díaz Vélez, que era ajeno al establecimiento y participó al enterarse del concurso.

La Escuela de Comercio comenzó como anexo del Colegio Nacional, con una única división de primer año. Cuando se independizó del Colegio Nacional existían ocho divisiones en el turno de la tarde y cinco en el turno de la noche. Por el impulso de su primer Director, el Profesor Délfor Candia Marc, llegó a tener, en 1975, treinta divisiones por la tarde y ocho en el turno nocturno. El proceso de crecimiento se debió al sólido prestigio que adquirió en la localidad y también en localidades cercanas, ya que concurrían alumnos de El Palomar, Caseros, Hurlingham, Pilar, Moreno, etc. Numerosos egresados continuaron en la Universidad de Buenos Aires y en otras Casas de Altos Estudios. También ocuparon puestos de trabajo en las empresas de la zona que reconocían la calidad de la formación que brindaba la Institución. El prestigio alcanzado por la Institución hacía que la demanda de vacantes para ingresar a primer año superara holgadamente a la capacidad de la admisión. Por esta razón, los exámenes de ingreso eran los más rigurosos de la zona. El 15 de mayo de 1971 fue creado el anexo de José C. Paz, que comenzó funcionando en el edificio de la Escuela “Juana Manso” y, al independizarse, dio origen a la Escuela de Comercio “Juan B. Justo”. Actualmente la Escuela “Juana Manso” cuenta con treinta y ocho divisiones en el turno de la tarde y veintinueve en el turno de la noche. El edificio fue creciendo a medida que lo hacía la matrícula. Año tras año se construyeron nuevas aulas con el aporte exclusivo de la comunidad educativa. Las obras se encararon con el asesoramiento de un ex alumno del turno nocturno, que era estudiante de la carrera de Arquitectura en ese momento y, es actualmente arquitecto: Enrique D’Acunto. Se eliminó el huerto, lugar donde había abundantes árboles, incluso alcornoques. En la corteza de estos árboles, hacían huecos los alumnos para esconderse y, evadir así, alguna que otra hora de clase. El gran fondo se convirtió en un patio de ladrillos y, luego, en el actual patio de cemento. Se construyó el comedor escolar, que reemplazó a un precario kiosco, para que los alumnos y profesores tuvieran un lugar donde almorzar. Se sumaron aulas sobre la calle Paunero, se modificaron las dos antiguas aulas de la esquina de Paunero y Argüero.
Origen de su nombre Crecimiento de la Institución
De este proceso de crecimiento espontáneo, regido por la urgencia ante el crecimiento de la matrícula y la escasez de recursos (sólo se contaba con los aportes de la comunidad educativa), resultó un edificio con una estructura deficitaria en muchos aspectos. No constituye una unidad, sino que tiene sectores (planta original, ampliaciones de planta baja, ampliaciones de primer piso) que no están interconectados. Así, por ejemplo, para pasar de un sector de primer piso a otro del mismo nivel, es necesario bajar a la planta baja, cruzar el amplio patio y subir nuevamente al primer piso. Además, carece de un campo de deportes integrado al edificio. El comedor resulta ya pequeño para atender las demandas del alumnado y no hay posibilidades de ampliarlo porque se restaría espacio al patio.

Todas las dificultades del edificio se agravan porque se comparte el mismo con la Escuela Media Nº 7 (Ex Colegio Nacional), por la mañana y con la Escuela Normas Superior Nº 112 a partir de las 17:50 horas.

En los años 80 y 81 se produjo un hecho que llevó a la movilización de la comunidad del partido de General Sarmiento. El dueño de la propiedad, que había iniciado un juicio de desalojo, obtuvo un fallo favorable. Por lo tanto, luego de un plazo, las Escuelas que funcionaban en el edificio, debían desocuparlo. Ante ello, se formó una Comisión mixta para la compra del edificio, debían desocuparlo. Se convocó, por su intermedio, a los diferentes sectores de la comunidad: familias de los alumnos, personal, empresarios, ex alumnos. La respuesta fue el apoyo solidario a la campaña para reunir fondos. Todos se unieron bajo el lema “Yo quiero a mi Colegio”. Antonio Tarrio, miembro de la Asociación cooperadora, recuerda que llegaron cheques de distintos lugares de la Provincia para colaborar.

El problema se solucionó definitivamente cuando el Ministerio de Educación de la Nación, en 1982, resolvió la compra de la propiedad. El 16 de abril de 1982, Monseñor Horacio Bózzoli, obispo de la diócesis, celebró una Misa de Acción de Gracias en el Establecimiento y el sábado 8 de mayo, una peregrinación al Santuario de la Virgen en Pilar.
Estuvo a cargo de la dirección del Establecimiento desde la creación de la Escuela de Comercio, el 10 de diciembre de 1956, hasta el 30 de diciembre de 1974. Fue dado de baja de su cargo por aplicación de la Ley de Prescindibilidad. Nunca fue notificado acerca de los verdaderos motivos de la resolución que dispuso, en ese momento, la cesantía de treinta y nueve docentes nacionales, dentro de los que se encontraba comprendido.

Su gestión se centró en la acción cultural. Precisamente, recuerda que, en el concurso de oposición para el cargo de director titular de la Escuela de Comercio, el jurado le preguntó a qué actividad pensaba darle prioridad y él respondió, sin dudar, que sería a la acción cultural por sobre todas las cosas. Y así fue. Durante su dirección se desarrolló un Ciclo de extensión cultural que abarcó 14 años (desde 1961 a 1974). Hubo 336 actos culturales entre conferencias, representaciones teatrales, proyecciones de películas, exposiciones y conciertos.
Estaban dedicados principalmente a los alumnos de cuarto y quinto años. Se realizaban los sábados por la tarde. La asistencia era voluntaria, pero con registro de concurrentes. Para realizar la proyección de películas, la Asociación Cooperadora, a pedido de él, había adquirido un proyector Super-8, de origen alemán. Como era muy delicado, lo manejaba con exclusividad, sin poder prestar atención a las películas porque los detalles técnicos de la proyección lo absorbían (siempre tenía temor de que se produjera alguna interrupción).

Las conferencias contaron con disertantes destacados. Algunos de ellos fueron, por ejemplo, Ernesto Sábato, Conrado Nalé Roxlo, Horacio Sanguinetti, el economista Raúl Cuello, el Comandante Leal quien dirigió una expedición al polo Sur Juan Carlos Fiorini (grado 33 de la Masoneria). En el turno nocturno funcionó durante 12 años un grupo de teatro dirigido por Victoria Ross de Candia, llamado “Teatrito de Camarita”. Se pusieron en escena muchas obras.
Entre ellas: “La mujer que tiene corazón pequeño”, “La danza macabra pasada por agua” (una adaptación de “danza macabra”), “esperando a Godot”, “la farsa del hombre y el queso”, “historias para ser contadas”, “ la farsa del cornudo apaleado”, entre otras. Por iniciativa de este grupo de teatro, se realizo un recital con poemas de José Pedroni: “el hermano luminoso”, con la actuación de Héctor Tealdi. Entre los actores mas destacados del “Teatrito de Camarita” estuvieron Ana María Enterrio, Héctor Russo, Julio Duran, Ana María Fernández, Ceferino Fernández y Titina Gaud.

Delfor Candia Marc organizo a la institución siguiendo el modelo de una gran familia, priorizando los sentimientos: la fidelidad y el afecto por el colegio. Logro crear un sólido vinculo entre los alumnos y la institución. La misma relación se daba también con respecto a la mayoría del personal docente y administrativo. En ese momento era frecuente referirse al colegio designándolo como la “Familia Juana Manso” y, a su Director como “Papa Candia”.

Precisamente, Candia Marc, baso su gestión en el pensamiento del famoso pedagogo italiano Lombardo Radice. Este sostuvo que existen tres tipos de maestros: el que sabe mucho, el que tiene mucho carácter y el que quiere mucho a sus alumnos. El primero enseñara muy bien; el segundo será muy respetado; el tercero hará que los alumnos aprendan mucho. Este será el mejor maestro.
En la selección que Candia Marc hacía de sus profesores, consideraba en primer lugar el vínculo afectivo que el docente sería capaz de establecer con los alumnos. Así por ejemplo, como sus alumnos de primer año se referían constantemente a la “ señorita Lilí”, que había sido su maestra de 7º grado, le ofreció las cátedras de Castellano en dos divisiones que acababan de crearse. Se trataba de Lilí Rena, que era estudiante de Letras y que continuará como profesora del Colegio, con el reconocimiento de sus alumnos y compañeros de trabajo, por su capacidad y especial cariño por la docencia hasta su fallecimiento. Hoy nuestra sala de video lleva en homenaje su nombre. En cuanto al Prof. Candia Marc, podría decirse que estaba dotado de una gran intuición para percibir el talento que es requisito para ser un buen docente y, en la mayoría de los casos, acertaba con las designaciones. Otorgó gran importancia a la identidad institucional. Dotó al Colegio de símbolos identificatorios: una marcha, un himno, un distintivo.

Logró constituir en los alumnos un sólido sentimiento de pertenencia a la Institución que perduró a través de las distintas gestiones y de las diferentes generaciones. En una oportunidad, en ocasión de disputarse las Olimpíadas Intercolegiales de General Sarmiento, evento deportivo que se realizaba anualmente, un grupo de alumnos manifestó su preocupación a Candia Marc porque la Escuela Técnica “Japón” -que era el clásico rival de Juana Manso -se preparaba para desfilar en la ceremonia de clausura con una gran pancarta al frente. El los tranquilizó prometiéndoles dotarlos de una gran bandera. Y se puso a la tarea de armar un enorme “banderón”. Para ello, clausuró durante quince días la sala de su casa. En una tela de seis metros de largo y dos metros de ancho, pintó los cinco anillos de colores, entrelazados, que son el símbolo de los Juegos Olímpicos y, con grandes letras negras, el nombre de la Escuela. El día del desfile fue ventoso y el estandarte encabezó la eufórica columna de alumnos que lo sostenían con dificultad. A partir de entonces, todos los años, era llevado con orgullo por las delegaciones que representaban al Colegio en las competencias deportivas.

En otra ocasión, con motivo de participar los alumnos del Colegio en un programa televisivo que se emitía por el canal estatal, denominado “Justa del saber”, fue necesario contar con un nuevo estandarte. En este caso, Candia Marc no dudó en utilizar un mantel de hilo de su casa. Tiempo después, su mujer se enteró cuando, luego de buscarlo sin éxito, él se lo comentó. Candia Marc inició un estilo, denominado por él mismo “estilo Juana Manso”, caracterizado por alumnos orgullosos de pertenecer al Establecimiento. Además, cuidó permanentemente la imagen del mismo a través del control del comportamiento de los alumnos, tanto dentro como fuera del Colegio. Les recomendaba, por ejemplo, ceder el asiento a los profesores, a las personas mayores, a las mujeres embarazadas o con bebés en los medios de transporte. También se ocupaba de recorrer las zonas aledañas al Colegio y llamaba la atención a todos aquellos que estuvieran fumando o en actitudes incorrectas. Solía recorrer los bares cercanos él mismo o enviaba al jefe de preceptores a los lugares que acostumbraban frecuentar los “rateros” y los hacía volver al Colegio.

Por eso, era frecuente que Federico Julio Vidal (jefe de preceptores) diera una recorrida por el cine “Sargento Cabral” o “El Cortijo” con el objeto de detectar “rateros” cuando había muchos ausentes en un mismo curso. Asimismo, el control del aspecto personal era muy estricto. Se concurría con uniforme. Los varones usaban pantalón gris, saco azul, camisa blanca o celeste, corbata, sweaters gris y zapatos. Las señoritas usaban guardapolvo blanco saco azul, medias tres cuarto azules y zapatos. En ningún caso podían llevarse adornos, maquillaje, detalles llamativos como uñas pintadas, pelo suelto, etc. El mismo Candia Marc se encargaba del control. Había ideado un sistema especial: todos los días, en la formación de salida, un alumno sacaba una papeleta de una caja que contenía una tarjeta por curso. La división que figuraba en la papeleta debía quedarse para el control del uniforme. En muchos casos, el director simulaba no ver (según su propio testimonio), cuando los alumnos pedían prestado a compañeros de un curso vecino, algún elemento del uniforme que les faltaba. Con respecto a los uniformes para las competencias deportivas, Candia Marc se encargaba en persona de acondicionarlos y entregárselos a cada participante el día de la competencia, para evitar que se perdieran o deterioraran.

Su estilo siempre fue muy personalista. Quienes estuvieron a su lado como alumnos o como personal del Establecimiento afirman que “vivía para el Colegio”. Acompañaba a los alumnos a las competencias deportivas, a los actos culturales, a cuanta actividad realizaren. Todavía están en al Escuela, los mapas marcados con las iniciales J.M, que pintaba los fines de semana para evitar que se perdieran. En una oportunidad, pintó todos los números de las bolillas de los bolilleros, que se usaban en las mesas de examen, durante sus vacaciones en la playa. De las numerosas anécdotas ocurridas durante los dieciocho años de su gestión, hay dos que lo caracterizan cabalmente:
• En la primavera siguiente a su separación del cargo de director, salió al parque de fondo de su casa y le comentó a su mujer -¿ Viste qué hermoso ese ciruelo florecido? Y ella le contestó: - Hace dieciocho años que florece....
• En una oportunidad, la que sería luego preceptora y ayudante de gabinete de la Escuela, Ana María Ferro, encontró en una peluquería de Bella Vista a la esposa de Candia Marc, Victoria Ross, a quién no conocía. La peluquera le dijo en su momento a Victoria, que el peinado le quedaba tan bien que su marido estaría encantado.

Grande fue la sorpresa de Ana María cuando escuchó la respuesta: -Mi marido ni siquiera se dará cuenta porque sólo tiene ojos para su amante que es Juana Manso. Ana María se horrorizó porque no entendió la ironía y compadeció a la mujer ¿Cómo podía tolerar semejante situación?. Solo un tiempo después, comprendería cabalmente lo que quiso decir Victoria Ross de Candia. Cuando se enteró de la resolución que disponía su Prescindibilidad, Candia Marc le dijo a la gente que estaba a su lado: “Hubiera querido morir en mi escritorio, como un militar con las botas puestas”.
 Profesores, preceptores y alumnos
A cargo de algunas cátedras de Castellano estuvo Ernesto Camilli. Los que fueron sus alumnos recuerdan que se sentaba sobre el escritorio y se sacaba los zapatos. Cuando se portaban mal los amenazaba diciendo; - Me pongo los zapatos y me voy. Así, conseguía que se restableciera el orden porque sus clases eran excelentes y los alumnos no querían perderlas. Les enseñaba a escribir haciéndoles indagar en los significados de las palabras. Les pedía, por ejemplo, que buscaran cien verbos relativos a lo que podía hacer un río o un árbol. Sostenía que los noventa, no servían porque habían sido hallados con la técnica del “manotazo”. También debían agregar cien adjetivos a un sustantivo y prohibía expresamente usar adjetivos tales como: lindo, feo, hermoso. En su libro “Los nombres de las cosas” incluyo trabajos de algunos de sus alumnos de la Escuela de Comercio. Allí hay relatos de Lili Rena y Enrique D’Acunto Leian y a Unamuno, a Azorín, a Juan Ramón Jiménez y disfrutaban enormemente de las clases.
Otro excelente profesor de castellano fue Ismael Mario Posdocimi. En una oportunidad, se encontraba en un cuarto año comentando la “oda a la vida retirada” y toco el timbre que daba por finalizada la séptima hora. Nadie se movió. Todos siguieron escuchándole atentamente. Prohibía a sus alumnos hacer oraciones que superaran las diez palabras y rechazaba los trabajos que no cumplían con ese requisito. En las pruebas de Literatura, cada error ortográfico significaba un punto menos. Cuando dejo el Colegio porque había decido irse a vivir a Italia, sus alumnos y ex alumnos fueron a despedirlo al puerto de Buenos Aires. Y se quedaron allí todo el día hasta que el vapor zarpa. Uno de ellos “Cuqui Mossalini”, tocaba tangos con su bandoneón Después de un tiempo regreso y retomo sus cátedras. Junto a su lecho de muerte estuvo un ex alumno: Enrique D´Acunto. Todos los que fueron sus alumnos lo recuerdan con respeto y un gran reconocimiento por sus capacidad.

Entre los profesores de Geografía, Julián Dionisio Martínez lograba que sus alumnos entendieran plenamente por qué la Geografía es “el estudio de las localizaciones”, como siempre les decía. Debían confeccionar los mapas con pantógrafo, con el sistema de cartillas. La lección del día se componía de dos partes. La primera parte era sobre el último tema visto y la segunda parte, una revisión de los temas tratados desde los comienzos del año.      
Si el alumno sólo sabia la primera parte, obtenía un siete y siempre que la expusiera muy bien. Era muy exigente y quienes fueron sus alumnos recuerdan, todavía hoy, el nombre y la localización de ríos, ciudades y cadenas montañosas.

Los profesores de esta época eran muy rigurosos. Los alumnos los respetaban por su capacidad. Muchos pasaron por las aulas del Colegio. Delia Formoli, profesora de Matemática, Elena Fridman de Ferreri “Madam”, profesora de Inglés. Elsa Abad de Del Conte, profesora de Contabilidad, María Luisa Castelli “Titita”, profesora de Mecanografía y Estenografía; Antonio Fano, profesor de Economía, Contabilidad y Organización del comercio y de la empresa, Elba Noguera, profesora de Mecanografía y Estenografía; Marta Tarelli, profesora de Dibujo, Berta Cantón, profesora de Educación Democrática; Nilda Geordano de Milán, Profesora de Historia, Beba Repetto, profesora de Inglés, Alicia Zabala de Martínez, profesora de Geografía, Beba Guidobono, profesora de Matemática, Nelly Burghardt, profesora de Historia; Casimiro Varela, profesor de Derecho Usual y Derecho Comercial, Nelly Armellini, profesora de Geografía, Marta Camilli, profesora de Matemática; Guillermo Vadillo, profesor de Física, Alfonso Etienne Camblong, profesor de Merceología; Rosa de Vera, profesora de Historia, Cora Cabrera, profesora de Derecho Usual y Derecho Comercial, Olga Ballone de Lucchetta, profesora de Contabilidad, mecanografía y Estenografía, Marta Dardanelli, profesora de Matemática; Rodolfo Gonzalez Soler, profesor de Física; Amaya Artola de Ardanza, profesora de Historia y Geografía, María del Carmen López Fresneda de Lloveras, profesora de Biología, Amelia Ausuli, profesora de Biología, Eleonora Loureiro, profesora de Contabilidad, Delia Tortorolo de Brasesco, profesora de Matemática, Coca Granado, profesora de Contabilidad.
Profesores
Durante muchos años, ocupó el cargo de jefes de preceptores Federico Julio Vidal. Su estilo fue realmente especial. Jamás gritaba. Trataba a los alumnos con mucho respeto. Marcaba definidamente las distancias: el “señorita” o “señor” y el obligado “usted” no dejaban lugar a dudas.

Todos le tenían respeto y temor. Alrededor de él los alumnos había elaborado una especie de mito. Pensaban que tenía la mágica facultad de aparecer de improviso en el preciso lugar donde se estaba haciendo alguna “travesura” o cometiendo una falta. A todo ello contribuían su figura alta, delgada, enjuta, su traje negro, su tono pausado, sus escasas sonrisas. Su sola presencia bastaba para imponer disciplina.

En realidad, Vidal poseía una gran capacidad de observación que le permitía percibir los “climas” extraños que acompañaban las jugarretas de los alumnos. Sus “recorridas” por los lugares que solían frecuentar los “rateros” eran temidas: el viejo bar de Salinas, en la esquina oeste de Paunero y Martínez de Hoz, el cine “Sargento Cabral” o “El Cortijo”. Algunos de los preceptores de esa época fueron Dina Suárez, Angela Damario, Carmen Pastrana, Tito Fernández, la señora de Lezcano.
Los alumnos
Los alumnos respondían a la exigencia de los profesores. Sabían muy bien que el sacrificio y el esfuerzo eran las únicas garantías de aprobación. Jamás cuestionaban si debían emplear los fines de semana en estudiar o hacer un trabajo monográfico o una investigación. Ello resultaba lo más natural del mundo.

No obstante los controles que existían en la Escuela, el ingenio lograba sortearlos para hacer alguna travesura. Algunos se escondían en el pozo del molino para eludir horas de clase. Bajaban por la escalerilla y allí se quedaban ocultos un par de horas y el ardid estaba quizás en que no fuera descubierto el escondite, mientras los preceptores recorrían el Colegio para ubicarlos. Cuan se “rateaban” en el cine “Sargento Cabral”, que era continuado, dejaban las carpetas apiladas en el piso de la boletería para disimular su condición de estudiantes. En una oportunidad, se presentó en el cine el padre de uno de los alumnos. Se trataba de Luis Ángel Demichelli. El padre lo retiró y lo llevó hasta su casa amenazándolo con una varita. Eran otras épocas.
 gestion de maria del carmen lopez  Fresneda de Lloveras
Estuvo a cargo de la dirección del Establecimiento desde el 3 de enero de 1975 hasta el 31 de agosto de 1977. Candia Marc había marcado una línea muy definida en el Colegio. Lloveras continuó, en términos generales, con las actividades y el sentido que Candia había impreso a la Escuela. Había recibido una escuela en marcha y con un sello que la caracterizaba definidamente. Puso el acento en las relaciones con la comunidad. La Escuela participó en Congresos, Programas y Cursos de distintos organismos nacionales e internacionales. Las relaciones con el personal y con los alumnos fueron buenas.
Estuvo a cargo de la dirección desde el 1 de setiembre de 1977 hasta el 27 de diciembre de 1984. La vicedirección estuvo a cargo de Amaya Artola de Ardanza. González Soler se dedicó sobre todo a las relaciones institucionales y dejó en manos de la vicedirectora la tarea pedagógica y disciplinaria. Tuvo un trato familiar y afectuoso con los alumnos.
 Gestion de Rodolfo Gonzalez Soler
Ocupó la Dirección desde el 28 de diciembre de 1984 hasta el 31 de diciembre de 1990. Llevó adelante una gestión en la que dio prioridad a los consensos y acuerdos con el personal y con los alumnos. Se basó en la concertación para llevar adelante a la Institución. Logró acordar un régimen de convivencia con el Centro de Estudiantes. Era necesario ya que había sido eliminado el uniforme en las escuelas públicas y también el examen de ingreso. Le tocaron momentos difíciles para su gestión porque estas dificultosas medidas habían reblandecido la disciplina y atentaron contra la calidad educativa. Mujer de carácter fuerte y con un gran sentido de Justicia. Dotada de realismo supo adecuarse a las circunstancias y organizó el Colegio sobre la base del orden y la disciplina, sin descuidar la calidad educativa. En la selección del personal tenía en cuenta, además del listado elaborado por la Junta, la capacidad que en el ejercicio del cargo habían revelado los docentes.

Por primera vez, se comenzó a trabajar por áreas interrelacionadas. Se realizaron reuniones con directivos de escuelas primarias con el objeto de coordinar las diferentes áreas. Se hicieron encuestas para diagnosticar las competencias de los alumnos.
 Gestion de Amaya Artola de Ardanza
Los alumnos respondían a la exigencia de los profesores. Sabían muy bien que el sacrificio y el esfuerzo eran las únicas garantías de aprobación. Jamás cuestionaban si debían emplear los fines de semana en estudiar o hacer un trabajo monográfico o una investigación. Ello resultaba lo más natural del mundo.

No obstante los controles que existían en la Escuela, el ingenio lograba sortearlos para hacer alguna travesura. Algunos se escondían en el pozo del molino para eludir horas de clase. Bajaban por la escalerilla y allí se quedaban ocultos un par de horas y el ardid estaba quizás en que no fuera descubierto el escondite, mientras los preceptores recorrían el Colegio para ubicarlos. Cuan se “rateaban” en el cine “Sargento Cabral”, que era continuado, dejaban las carpetas apiladas en el piso de la boletería para disimular su condición de estudiantes. En una oportunidad, se presentó en el cine el padre de uno de los alumnos. Se trataba de Luis Ángel Demichelli. El padre lo retiró y lo llevó hasta su casa amenazándolo con una varita. Eran otras épocas.

En realidad, Vidal poseía una gran capacidad de observación que le permitía percibir los “climas” extraños que acompañaban las jugarretas de los alumnos. Sus “recorridas” por los lugares que solían frecuentar los “rateros” eran temidas: el viejo bar de Salinas, en la esquina oeste de Paunero y Martínez de Hoz, el cine “Sargento Cabral” o “El Cortijo”. Algunos de los preceptores de esa época fueron Dina Suárez, Angela Damario, Carmen Pastrana, Tito Fernández, la señora de Lezcano.
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